29 de Marzo de 2017 por Pablo

Y van tres. Tres días de viaje y todos diferentes. Hoy tocaba dormir un poco más para descansar de la caminata de ayer, pero aunque había apuestas por quién se dormiría sobre la cena anoche, todavía hubo algunas puertas sonando a deshora y algún profe pendiente de que todo el mundo durmiese. En cualquier caso la experiencia es un grado, y esta mañana no ha habido rotura de tazas y el comportamiento en el desayuno ha sido bastante bueno.

Luego teníamos que esperar al autobús, así que nos hemos entretenido en la sala de estar del albergue, con los juegos, los ordenadores y practicando un poco la interpretación.

A la hora de salir hemos repartido los sándwiches, se les agotan las ideas de los rellenos… Y hemos dado la vuelta a la esquina para coger el autobús. Como hemos llegado cuando ya había mucha gente sentada y todos ocupaban solo un asiento, nos hemos sentado como hemos podido, así que el viaje ha sido extraordinariamente tranquilo, porque muchos no tenían con quién hablar, aunque también ha habido alguna conversación en inglés que otra.

Llegada a Dublín y tirar de las maletas ha sido todo uno. Un paseo que nos ha valido para empezar a introducirnos en el ambiente local, con pasada fugaz por el Temple Bar y todo.

 

El nuevo albergue está algo más viejo, pero los chicos duermen juntos y eso ha gustado, las chicas han sufrido una remodelación, a ver si así las noches son un poco más tranquilas, y eso ha gustado menos. Como todavía no habíamos comido, y eran las 14,30, pues hemos aprovechado para usar el comedor por primera vez. Luego, lavadas de piñata, zapatillas, chubasqueros y a la calle.

Hemos recorrido el centro de Dublín para irnos situando. St. Stephen’s Green, el parque de referencia de la zona, con su historia muy ligada a la de la ciudad. Como el año pasado se celebró el centenario del alzamiento de Pascua de 1916, han puesto muchos carteles explicando lo que allí ocurrió, ya que fue uno de los dos focos de combate más importantes.

Un paseíto hasta el Trinity College y visita al campus interior de la Universidad de Dublín, que es su nombre real. Parece que ha gustado el ambiente universitario, esperemos que valga para que aprieten los codos un poco más.

Después tocaba el paseo por O’Connell Street, centro neurálgico de la ciudad y calle donde se encuentra la Oficina General de Correos (General Post Office o GPO) que es el referente del mencionado alzamiento de 1916, y un icono en la independencia de Irlanda que se lograría 5 años más tarde.

A continuación hemos paseado por algunas calles comerciales y hemos aprovechado para comprar la cena, aunque nos han echado del supermercado porque cerraban (las 19 horas) y hemos tenido que ir cogiendo cosas sobre la marcha. Aun así hemos buscado luego otra tienda para terminar de avituallarnos.

Vuelta al albergue y a cocinar. Hoy ha habido ensalada de pasta y leche con galletas, todo un triunfo. Las instalaciones son más amplias y es más agradable cocinar, aunque ha habido un derramamiento de tomate que ha hecho que tuviésemos que volver a empezar, pero ha sido una buena lección.

 

La parte de conexión a internet ha sido el mayor problema de la tarde. Cuando llegamos a mediodía iba bastante bien, pero deducimos que por la noche hay más saturación y llevar a cabo el plan de los hangouts ha sido imposible. Para compensar hemos descubierto que podíamos usar el teléfono fijo de albergue para llamar a fijos de España, con lo cual nos ha venido genial para escuchar las voces de los padres. Bueno, a algunos o algunas no les ha sentado tan genial, en el fondo es dura la primera experiencia fuera del nido, pero como lo que escuece cura, en cuanto ha terminado la cena todo estaba bastante en orden.

A la cama a las 11 y pista libre para dormir hasta las 9, un lujo. Dentro de unos años, sería un éxito que se acordasen que en 1916 empezó la historia reciente de la República de Irlanda.