30 de Marzo de 2017 por Pablo

Cuarto día de viaje, y la caminata más larga del mismo. Parece que deberíamos ir bajando el ritmo, pero no, hoy habíamos dormido bastantes horas, y nos quedaba mucha ciudad que ver, así que tras la felicitación a Lucía Cuesta, nos fuimos a desayunar.

Hemos organizado un buen tapón en las tostadas, porque este albergue está más concurrido, pero como ha dicho un chico español que andaba por aquí: “no os preocupéis, que los demás se busquen la vida, esto es supervivencia”

Así que con zapatillas y chubasquero nos hemos lanzado a patear Dublín. Primero le ha tocado a la Catedral de San Patricio, que está a solo 5 minutos de aquí. Alicia nos ha explicado muchas cosas interesantes y, si no fuera por el cortacésped que pasaba a cada momento hubiésemos hecho incluso preguntas.

 

 

Después, calle abajo, con un poquito de calle arriba, hasta el Castillo de Dublín. Allí Marta Villaseca ha hablado sobre su importancia y hemos visto una reproducción de cómo era antes de su incendio.

En marcha de nuevo nos hemos dirigido a una de las partes más antiguas de la ciudad, con su recinto amurallado, que se encuentra en la misma situación desde su construcción y que nos ha dado pie a hablar del origen del asentamiento y del nombre del lugar también, ya que era una laguna negra, que en irlandés (gaélico) se decía Duibh linn.

En este momento nos teníamos que ir dirigiendo hacia el museo de historia, pero como teníamos tiempo y está en la misma zona que Kilmainham Gaol, hemos intentado ir a ver si con suerte había entradas. Al preguntar, el guarda de la entrada ha puesto cara de póker y nos ha preguntado que si estábamos dispuestos a estar allí durante 4 horas entrando de tres en tres, ya que se encontraban casi todas las entradas vendidas. Hemos reducido nuestro órdago, y le dijimos que con que nos dejase entrar al baño a algún incontinente nos valía. Éxito total, de entrar a la cárcel nada pero la misión “Toilet” ha sido completada.

De ahí a las Collins Barracks, la sede del museo de historia nacional. Pero antes una parada para comer y juga un poco en el césped, elemento que nunca falta en los espacios urbanos de Dublín.

 

Hemos entrado y nos hemos organizado para realizar las actividades de un cuadernillo que trajimos. Aunque por indicación de un guía, hemos ido primero a realizar una visita a la exposición especial del alzamiento de 1916, que ha estado muy bien. Después, a investigar sobre los símbolos de Irlanda, a través de elementos de los ejércitos del país. Hemos aprendido muchas cosas, incluso que hubo tercios irlandeses de voluntarios luchando por España en alguna guerra. El tiempo ha sido justo, y hemos podido salir dignamente sin que nos azuzase nadie, por nuestro propio pie.

A continuación, dirección centro, a ver la estatua de James Joyce, explicada por Vairon.

 

Aprovechando la cercanía al supermercado, el último grupo ha ido a comprar para la cena, mientras que el resto esperaban en la calle O’Connell.Al volver nos hemos dirigido a Halfpenny bridge, donde Hugo nos ha relatado su historia y el origen de su nombre.

Como no sabíamos si la estatua de Molly Malone estaba en su sitio, ya que ayer no la habíamos visto, Helena nos ha contado su historia. Pero al consultar una guía, hemos podido ver que recientemente fue cambiada a un sitio menos concurrido, pero al que hemos ido derechos, porque además estaba de camino al albergue.

 

El albergue se ha convertido en lo más deseado de la tarde, hoy hemos hecho récord de distancia recorrida, casi 14 kilómetros. Aunque hay que decir que la wifi de los albergues además les debe cargar las pilas, porque ha sido llegar y ponerse a enredar entre ellos.

Internet, cena y ping-pong ha sido el menú. La cena ha sido otro éxito de los pequeños chefs. Hoy tocaba arroz tres delicias y leche con galletas que ayer fueron gustaron mucho.

Finalmente cama y descanso, parece que esta noche no están para muchos trotes. La aventura se va acabando, pero aún nos queda un día en Irlanda.