27 de Marzo de 2017 por Pablo

El primer día del viaje, una jornada intensa y emocionante que empezó con los nervios típicos de niños y padres. Muchos llegaron a desayunar al aeropuerto para estar con tiempo, mientras los profes llegaron un poco justos, pero una vez hechas las despedidas correspondientes, con sus lágrimas incluidas, nos dirigimos al control de seguridad, la primera prueba en esta carrera de obstáculos hasta Galway. Un zumo, unas llaves, lo típico, nada que no se solucionase con un poco de paciencia por nuestra parte o la de la gente de seguridad del aeropuerto.
Ya nos veíamos en el avión cuando hubo que pasar otro control este de policía, DNIs o pasaportes, y mientras unos cuantos pasaron tal cual, otros fueron retenidos hasta que llegó Pablo con las autorizaciones, es decir, que no estaba muy claro por qué unos sí las pedían y otros no. El caso es que llegamos hasta la puerta de embarque y todo allí eran nervios a flor de piel. Para unos la primera vez en avión, para muchos la primera sin sus padres, y para todos la

primera aventura juntos.

 

 

Al final el vuelo estuvo perfecto, salimos en hora, llegamos con adelanto, y en Dublín hacía un tiempo magnífico. Aprovechamos que el horario iba según lo previsto para comer, beber, pasar por los aseos y coger carrerilla para dos horas y media de autobús.

 

 

Esta parte del viaje también fue sin sobresaltos, todo autovía y un conductor tranquilo ayudaron. Los asientos amplios y más conversación con los amigos.

Al llegar vimos que el albergue estaba a la vuelta de la esquina, con lo cual no hubo que acarrear maletas durante mucho trayecto.
Distribución de habitaciones y reunión general. Normas del albergue y plan de visitas y comportamiento general.
Salimos a pasear por la ciudad.

 

Aitana tuvo que romper el hielo en la plaza Eyre, pero lo hizo muy bien, luego pasamos por los muelles y el Arco de los Españoles, del que nos explicó Marta cañizares algunas cosas. Aquí nos encontramos con una gran fiesta de jóvenes que animaban mucho la tarde soleada y agradable de temperatura a la orilla del río.

Subimos por el paseo hasta la Catedral, donde Lucía Alonso nos comentó su historia y otros detalles muy interesantes.

 

 

Vimos las estructuras para la pesca de los salmones y nos dirigimos al centro. Allí, Leire se encargó de la explicación de la Iglesia de San Nicolás, y por la calle principal practicamos el inglés con un guitarrista callejero que al final nos hizo una pequeña actuación privada.

 

De camino al albergue Lucía Bujalance cerró el tour con la estatua de Oscar Wilde y Eduard Vilde.


Nos dividimos en dos grupos, los cocineros con Pablo y el resto con Judith, que se fueron al albergue a ducharse e intentar hablar con los padres. Esta parte fue un poco más liosa, pero al final todo el mundo pudo mandar algo para casa, incluso los más afortunados pudieron hablar con su familia, cosas del directo…
Mientras, el equipo cocinillas estuvo en el Lidl, aprendiendo a comparar precios, preguntando a los empleados por dónde estaban las cosas, y dándose cuenta lo que conlleva la intendencia y lo que cuesta la comida. Sobre todo lo que cuesta transportarla hasta el hotel….

De vuelta, entre fogones y pan de molde, se nos fueron dos horas de preparación, pero todo quedó muy bien, y los sándwiches del día siguiente preparados.


Todos devoraban, y cuando el grupo de cocineras se fue a duchar, se quedaron los demás hablando, mientras otro grupo recogía todo y lo dejaba en orden.


De ahí a la cama, a dormir y descansar que mañana será otro largo día en Irlanda.